LA MUJER DE BUENOS AIRES DE MORROPÓN
Hace poco tiempo que conozco a las grandes mujeres de Buenos Aires de Morropón que laboran en la planta de Korin Chocolate, quizá alrededor de cuatro años, cuando entré al pueblo por primera vez recibiendo el gran frescor y pureza del aire acariciando mi rostro, aquellos parajes de gran vegetación, el encanto de sus cerros azules a lo lejos y el silencioso pero danzarín río, con una sensación tan agradable, pensé "aquí es realmente la vida del alma"- me sentí muy reconfortada lejos del bullicio de la ciudad, atrás quedaban sus múltiples distracciones y estrés que me mantenían en alerta.
Ni yo misma estaba consciente del gran cambio que se operaría en mi vida, solo sabía que allí quería permanecer por siempre.

Cuando llegué como emprendedora de un nuevo proyecto para obtener los beneficios post cosecha del cacao, y hacer realidad establecer una chocolatería, aún con todos los temores a lo desconocido, la decisión había primado por ser una zona cacaotera por excelencia el cacao criollo blanco, donde tendríamos contacto directo con éste milenario fruto de nuestros antepasados, tan originario de nuestro alto Piura, que crecía de una manera natural y donde los agricultores cuidaban que fuera orgánico; el gran letrero al entrar al pueblo decía: “Bienvenidos a la capital del cacao y chocolate orgánico” Me ilusioné con los resultados de los exquisitos logros de sus frutos y vi danzando mis ideas con alegría para lograr establecer la planta de producción soñada.

De pronto empezó todo, y la necesidad de conversar con las mujeres de la zona para que se interesaran en participar como trabajadoras en la planta de producción Korin Chocolate llegó en su momento. Pocas fueron las que acudieron a la convocatoria, las miradas de las primeras mujeres que contacté, estaban llenas de desconfianza y temor, y mi preocupación creció cuando alrededor de ellas pude ir viendo la resistencia a la capacitación y a mejorar su compromiso y dedicación; su conformismo, su timidez y deseo de no participar más allá de las simples tareas asignadas era suficiente, por que tenían que regresar inmediatamente a sus hogares después de la jornada laboral. Empecé a profundizar ¿Qué estaba pasando? ¿A qué se debía que manifestaran un estado de auto marginación y poca participación en la educación, la desconfianza que sentían de sus propias capacidades para aprender a elaborar chocolate y ser excelentes? de pronto pensé hay que empoderarlas, darles poder y visión; así fue como empezó todo.

Empezamos a leer juntas y el material que escudriñamos fue el Liderazgo Moral enfocado al servicio, tenía un fascículo a mano cuya autora Juanita de Hernández, había inspirado mi propia vida, -una excepcional mujer quien había enfocado una sola frase en mi mente “El mejor servicio es aquel que ayuda a desarrollar capacidades”- estaba decidida a levantar capacidad y habilidades, pronto se creó una ola de entusiasmo, motivación y sentimientos de potencia que salpicó a sus propios hijos y vecinos y a la comunidad de Buenos Aires.
Habíamos descubierto muy poca valorización de su trabajo, que siempre habían trabajado en desventaja con relación a sus condiciones laborales, cuando eran convocadas a las tareas iguales a los hombres en la cosecha del banano orgánico, o de la uva etc.; no obstante el mismo esfuerzo y cansancio su pago era inferior, de esta manera se intensificaba las tareas domésticas al regresar a casa, se incrementaba la violencia familiar, se descomponía la organización de sus familias y tenían miedo que quizá este proyecto tan noble de hacer chocolate, pueda traer consecuencias negativas en las relaciones con sus convivientes.
Al cuestionar todos estos impedimentos para que logren su propio desarrollo, rodearlas de un ambiente de confianza, amor y unidad pronto vimos surgir las gemas de su buena actitud y carácter y como fueron moviendo sus prejuicios y fanatismo, juntas vimos gradualmente lograr alcanzar una mejor relación con sus parejas, una relación de complementariedad e interdependencia, ahora veo sus rostros serenos y confiados, sus familiares e hijos que las rodean las admiran y valoran, se sientan en igualdad de condiciones a conversar y con su aporte económico fruto de su trabajo ahora ellas asumen el liderazgo de sus familias y los ayudan a ser cada día más y mejores; ellas cada día perfeccionan su arte de producir un exquisito chocolate, un chocolate ganador de 27 medallas, un chocolate de alta calidad premiado en esferas locales, nacionales e internacionales.


Basta con conversar con una de ellas, la cual ha alcanzado una posición de liderazgo y don de organización, cuyas palabras conmueven a propios y extraños.
“…Antes de que Korin Chocolate llegara al pueblo, tenía una vida insípida y sin emociones, paraba peleando con mi marido, me decía holgazana e insultos muy fuertes cuando llegaba borracho a la casa; no respetaba a sus hijos y me propinaba tamaños golpes, me refugiaba en ver televisión a veces pasaba mi vida en total soledad y pensaba que no merecía vivir; hasta que Korin Chocolate llegó y confió en mí, y me dijo que soy valiosa y que tuviera confianza en mí misma y en mis propias capacidades, hasta entonces no hubiera crecido hasta donde he crecido y donde pienso crecer más. Ahora sé que las mujeres somos las que contribuyen con sus manos a forjar la sociedad futura, sé que el destino lo forjamos en el poder de las palmas de nuestras propias manos...”

Las mujeres de Buenos Aires de Morropón tienden a distinguirse por ciertas cualidades como el amor, el servicio, la ternura, la intuición, las cuales son muy importantes para los próximos pasos en el desarrollo de la civilización.
Escrito por una mujer emprendedora Gabriela Panta de Medina.
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